16
jul
07

¿Quién es Zodiac?

 

Zodiac (2007) – David Fincher 

Hay en Zodiac algunas piezas de alta orfebrería que zarandean al más pintado: la ejecución de los asesinatos (o intentos), tan contundente que escuece, es producto de un director que domina la planificación con un talento absoluto. El magnífico comienzo y la escena del lago inquietan en función de una crueldad sin concesiones que se ve aliñada con extraños elementos surreales. También el encuentro nocturno en la carretera, bebé mediante, o el descenso al sótano pertenecen al terror más efectivo. Momentos, sin duda, para el recuerdo.

Pero David Fincher no desea explotar esa vía y se decanta por otorgar el protagonismo a una investigación periodística-policial interminable que afectará personalmente a los personajes, envueltos en un océano de datos, pistas, suposiciones, sospechas… La densidad de la empresa es tal que a uno acaba por asfixiarle la avalancha de información. Zodiac, tras un primer acto prometedor y sugestivo, se transforma en un enigma, en un cúmulo de interrogantes de muy difícil resolución que nos obliga a dar bandazos sin rumbo, a estar atrapados en una tela de araña que no podremos romper. El director, más austero y sobrio que nunca, llega incluso a dosificarnos con suma mala idea las bocanadas de aire fresco (o sea, los asesinatos) y nos obliga a sumergirnos (demasiado) en un callejón sin salida que flirtea con el agotamiento. ¿Cómo descubrir a un killer cuya identidad puede haber sido adoptada por farsantes con ansias de notoriedad y que imitan los métodos del original?

Nada que objetar a la abrumadora labor de recreación de una época ni a la fotografía de Harris Savides. Tampoco acusaré a Fincher de seguir de manera tan aplicada el libreto del clasicismo y la contención, pues su labor resulta elegante.

Que conste en acta: no es un psychothriller a la manera de Se7en y comprendo la evolución del autor hacia nuevos desafíos narrativos y estilísticos.

En cualquier caso, y a pesar de la brillantez alcanzada en diversos puntos, queda la impresión de que el director ha elaborado una película más cerebral o intelectual que emocional o sensitiva. Podemos volver sobre la obra y reflexionar en cuanto a sus intenciones y estructura, pero tal vez se haya perdido la emoción en algún lugar del largo camino debido a su pretensión de puzzle gigante. A veces, conviene ser directo.

    

15
jul
07

El vampiro desmitificado

 

John Carpenter’s Vampires (1998) – John Carpenter 

El gamberrismo genérico de John Carpenter no conoce límites. Vampiros, ubicada entre las cachondas y desprejuiciadas 2013: Rescate en L.A. y Fantasmas de Marte, es una visión despiadada de la lucha entre cazadores (asesinos a sueldo sin escrúpulos) y presas (vampiros brutales y nada románticos). Desde las coordenadas del western crepuscular, el realizador californiano dirige una de las mejores películas de su filmografía y maneja uno de sus más memorables personajes: el demoledor Jack Crow, antihéroe políticamente incorrecto y chulo que, provisto de gafas de sol y cazadora de cuero, encabeza a un grupo salvaje de renegados. La inquietante presencia de James Woods, ex mártir de la Nueva Carne, resulta ideal para un papel de tal catadura. 

Los primeros minutos de la película son sublimes. Dos ataques consecutivos: el de los cazadores, armados hasta los dientes y aniquilando pestilentes vampiros como viles insectos, y el inesperado contraataque de Valek, cuya furia irrumpe, entre litros de alcohol y chicas ligeras, para desangrar a sus enemigos a zarpazo limpio. Un arranque a toda máquina que ofrece algunas imágenes icónicas, como la del despertar bajo la tierra.

Carpenter, con el pulso de los maestros e invocando a Hawks o Peckinpah, brinda una obra maestra mediante una vuelta de tuerca desmitificadora al género vampírico. El discurso de Jack Crow acerca de la falsa leyenda cool de los chupasangre, las palizas que recibe el Padre Guiteau de sus puños, la posición de la Iglesia católica en el tinglado o ese final con aroma a camaradería y honor demuestran el carácter personal e intransferible de un cineasta genial.   

13
jul
07

Mutantes y catarsis

 

The Hills Have Eyes (2006) – Alexandre Aja 

La banderita norteamericana clavada con saña en la grotesca cabeza de un mutante cuyo origen se determina por unas pruebas nucleares. El país, representado por esa familia de clase media a bordo de una caravana perdida en una superficie desértica, sufre a los monstruos que ha creado, como si fuera un castigo por sus actividades militares. El producto de la experimentación se torna en contra. Un efecto boomerang. La ambigüedad es tal que uno no sabe hasta qué punto la sátira política que aporta una segunda lectura es, en verdad, consciente. 

Alexandre Aja, en su brutal remake, continúa exhibiendo su poderío como director tras la muy visceral (y, para mí, superior) Alta tensión. El francés supera el original de Craven con claridad y conduce el descenso a los infiernos a niveles más profundos y aterradores. Es, principalmente, en el último tercio de metraje donde el director se desmelena y resulta de lo más entretenido al diseñar escenas tensas que suponen una explosión de furor: la animalidad del hombre moderado que, bate o hacha en ristre, saca fuerzas de flaqueza en una situación de supervivencia extrema. Incluso el tópico, por inverosímil, tiene su gracia si es tomado con ironía socarrona.

Película que funciona mejor en set-pièces que como conjunto, en destellos de hiperviolencia que en atmósferas opresivas, en excesos que en sutilidades, Las colinas tienen ojos está bien provista de… imágenes perversas.

11
jul
07

Amor, muerte y CINE

 

The Fountain (2006) – Darren Aronofsky 

La magistral y arriesgadísima La Fuente de la Vida contiene, aparte de su reflexión acerca de la magnitud del amor y la comprensión de la muerte como prolongación de la vida, toda una galería de secuencias de portentosa composición visual. Aronofsky no se casa con nadie y decide bordear el precipicio siendo consciente del peligro que corre. Su película es un acto de fe en sí mismo. Su convicción es total y no le tiembla el pulso a la hora de sacudirnos con el viaje estelar, el desplome de Izzi, la sordidez del diabólico Inquisidor, las consecuencias de beber del Árbol de la Vida o el delirante fin de fiesta hacia las estrellas.

Acompañado por la extraordinaria partitura de Clint Mansell, el realizador y guionista confecciona una alucinante y alucinada odisea protagonizada por un hombre que recorre un tortuoso camino hacia la toma de conciencia. Mediante el uso de símbolos circulares que representan el ciclo de la vida (y la vuelta a empezar) y cuidando cada aspecto de la puesta en escena para que potencie el, en definitiva, carácter fantástico de la historia, la cinta, vista en repetidas ocasiones, revela su grandeza como mecanismo narrativo engrasado, preciso. Nada parece puesto al azar y tanto su plasmación en imágenes como lo entrelazado de las líneas narrativas que se alimentan mutuamente responden a una inteligente construcción donde cada plano, señores, importa.

Es cierto que tanto Pi: Fe en el Caos como Réquiem por un sueño suponen experiencias de mayor poder perturbador, pero aquí Aronofsky da un paso adelante depurando su estilo en un proceso de concisión que no necesita del impacto. Si allí la atmósfera era, de principio, enrarecida y asfixiante, en esta ocasión se percibe, dentro de la tragedia, un sentido lírico (por decirlo de alguna forma) que, sin duda, prefiero. 

· Para saber más: La Fuente de la Vida en Videodrome [+]

11
jul
07

Puños ensangrentados

Fight Club (1999) – David Fincher 

Tras los fantásticos títulos de crédito, el Narrador aparece maniatado, con la cara demacrada y con el cañón de una pistola insertado en su boca. Impacto. El que sostiene el arma de fuego es Tyler Durden, es decir, la encarnación extrema del lado oscuro, de la personalidad más rebelde. Para purificarnos, es necesario dinamitar los cimientos del enfermo mundo moderno. Sólo así es posible comenzar de nuevo. La destrucción total.

A partir de la excelente novela de Chuck Palahniuk, David Fincher dio lugar a El Club de la Lucha, una película polémica, furiosa, potente. Tiempo después, uno diría que no fue para tanto. Los años, en mi opinión, han reducido su efecto hasta convertirla en un divertido juguete y, ahora, lo mejor que cabe destacar de ella es el talento visual que aplicó su director. Momentos como el citado en el primer párrafo, la autoagresión del Narrador o la brutalidad de los combates siguen conservando una ferocidad a tener en cuenta, una retorcida poética de la fisicidad corrompida a ritmo pop.

10
jul
07

Primera declaración de intenciones

Aviso para navegantes: Este recién inaugurado blog es un hijo bastardo de mi otro sitio de alterne donde doy rienda suelta a mis neuras, Videodrome.

¿Por qué abrir otro blog si el que ya tengo apenas ha sido actualizado en los últimos meses? Yo también me lo pregunto y no dispongo de una respuesta razonable. Si la falta de tiempo ya me impide atender Videodrome como es debido, difícil resultará que sea capaz de asumir la responsabilidad de acarrear con dos, claro está. Pero… mirad, este nuevo antro, que he llamado Imágenes Perversas, nace con el fin de dar cabida a todos aquellos momentos de cine que me remuevan en algún sentido, que en el fondo contengan cierto grado de perversión, de mala leche, de sordidez, de fascinación… Como personal cajón (de)sastre, aquí citaré y hablaré de mis filias y fobias licuadas por el celuloide.

Un blog, en realidad, tan innecesario como intrascendente, tan liviano como anecdótico. Una forma, en definitiva, de sacar afuera lo que uno lleva dentro cuando se lo pida el cuerpo y con la inmediatez y descaro que proporciona internet.

Y estáis, por supuesto, invitados a visitarme de vez en cuando…   




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